Devorar para crear: lo antropófago como método

Tomada de: https://artishockrevista.com/2025/02/24/tupi-or-not-tupi-la-herencia-antropofagica-de-oswald-de-andrade/

Desde hace unos días vengo pensando en la manera en que la lectura del Manifiesto Antropófago de Oswald de Andrade nos sitúa frente a una poética radical para pensar situadamente el quehacer artístico en Latinoamérica. Se trata de una especie de cartografía simbólica y política del pensamiento artístico en el Sur Global. Más que un texto programático o literario, el manifiesto puede leerse como una forma de ocupar el territorio: no solo con el cuerpo, sino también con la lengua, el deseo y la imaginación crítica.

Esta reflexión se enmarca en el seminario de Narrativas Topológicas y Locativas con Alejandro Ponce de León, en el Doctorado en Artes y Tecnoestéticas (DAT) de la UNTREF, en Argentina. Propongo leer esta fuente como un gesto de activación de paisaje cultural, porque en el quehacer se reconfigura no solo un cuerpo, sino un paisaje que lo atraviesa y al mismo tiempo produce algo nuevo. Me interesa particularmente la figura del antropófago como un ser que se constituye como un cuerpo que transforma: devorar para traducir, digerir para reconfigurar. En esa clave, el cuerpo que come es un cuerpo que produce mundo.

Por casualidad de la vida, fui asignado como jurado en la tesis de la Maestría en Estética y Creación de la estudiante Isabel Bedoya, apenas unas semanas atrás. En este trabajo encontré que Isabel no recurre a la teoría como un marco explicativo convencional, sino que la consume, la digiere y la reconfigura desde su cuerpo y su dolor, para convertirla en una forma de expresión, como quien escupe un conjuro. Su recorrido de investigar y crear se articula desde una dimensión afectiva radical donde la técnica y su prolijidad importan poco. No porque las formas no sean importantes, sino porque la escritura, el dibujo y la cerámica que produce son capas de un mismo gesto de elaboración simbólica.

El componente escritural que presentó no se limitó a un texto reflexivo, sino que se configura como una práctica intermedial que enlaza autores, categorías y fragmentos vitales, expandiendo los límites de la investigación-creación. Esto me pareció un gesto de esos que llama Deleuze un «gesto menor». Lo antropófago activa la célebre frase “Tupi or not Tupi” como una lógica de alteración y desacato, incluso en lo que se produce como «académico». No se trata de un juego banal, sino de una parodia productiva, porque implica formas distintas de producir saber. A veces, el simple acto de seguir haciendo se vuelve una insurgencia lingüística desde el margen.

Desde la mirada de Jacques Rancière, el manifiesto de Oswald de Andrade puede entenderse como un texto que transita entre regímenes de identificación del arte. Recurre al régimen de las imágenes, con su aliento ritual y mítico; subvierte el régimen representativo al desorganizar las jerarquías clásicas del gusto y el saber; y se asienta, sobre todo, en el régimen estético: un espacio donde se diluyen las fronteras entre arte y vida, entre forma y contenido. Lo impuro se vuelve potencia.

Pero lo más provocador es que este texto puede leerse también como una propuesta metodológica. Una ética de la mezcla. Una política del fragmento. Una epistemología sin pureza. Nos invita a pensar la creación como acto de traducción radical, donde el archivo se vuelve cuerpo y la memoria, invención. Donde investigar es devorar, y crear, digerir. Eso es, quizás, lo que resonó en mí al acompañar el trabajo de esta estudiante.

Así, el arte del Sur Global no debe representar, sino afectar. Hay que superar la forma en que nombramos la copia para pensar en términos de transformación. Devorar el manifiesto no es leerlo, es dejarse atravesar por su hambre. Porque el Sur —y sus imaginarios en disputa— no se piensa desde afuera, sino desde el gesto mismo de tragar lo ajeno para volverlo carne propia.

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Acerca del autor

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Carlos Betancurth

Profesor catedrático asistente del Departamento de Humanidades de la Facultad de Bellas Artes y Humanidades de la Universidad Tecnológica de Pereira.